DÍA DE MUERTOSLa celebración de la Fiesta del 2 de noviembre en la segunda mitad del siglo XIX

En esta ocasión les dejo un ejemplar digital publicado por la Universidad Autónoma de México, que redacta con precisión e imágenes la tradición de celebrar el Día de Muertos, tradición Mexicana prehispánica adaptada al cristianismo.

El material reunido se obtuvo del Fondo Reservado de la Hemeroteca Nacional. De la gran diversidad de información
que conserva dicho acervo sobre el tema, se eligió una muestra representativa que diera una idea de todos los elementos que confluían para la realización de dicha festividad en la segunda mitad del siglo XIX. Como se podrá observar muchas de las costumbres aún se conservan, pero también muchas se han perdido. Este libro es una colaboración de Liliana G. Castro, Rosario Rodríguez, Rocío Carballar, Patricia López, Carmen Ortiz, Consuelo Camarena y Rosa Ma. Rodríguez.

Calabaza de Castilla

Su nombre se suele atribuir a que tras la Conquista, los españoles la
llevaron al viejo continente y la presentaron ante la Reina Isabel de
Castilla a quien le gustó tanto que decidió nombrarla en su honor.
La calabaza de castilla tiene un sabor neutral por lo que se utiliza
tanto en recetas dulces como saladas.

En esta ocasión les dejo un libro digital maravilloso con historia y recetas de esta maravillosa calabaza. Publicado por la Dirección General de Personal de los CENDI y Jardín de Niños de los trabajadores de la UNAM, se ha convertido en una herramienta imprescindible para estas fechas donde la tradición y la fantasía se mezclan entre sí.

DISFRÚTENLO

Leyenda del Rey Midas

Midas era el rey de Frigia, una región ubicada en lo que hoy es Turquía.
Era famoso por su enorme riqueza y su pasión por acumular oro.
Vivía en un suntuoso palacio rodeado de jardines, pero, a pesar de sus grandes riquezas, su deseo por más oro nunca se saciaba.

Un día, los campesinos que vivían cerca del palacio de Midas encontraron a un viejo borracho deambulando por los campos. Este hombre era Silenio, el fiel compañero y maestro del dios del vino, Dionisio. En lugar de echarlo, los campesinos lo llevaron ante el rey Midas, quien, con gran hospitalidad, lo cuidó y lo trató con respeto durante varios días. Midas, conociendo la importancia de Silenio para Dionisio, lo trató como un invitado de honor y, al cabo de unos días, lo devolvió sano y salvo a su señor.

Dionisio, agradecido por el gesto de Midas, decidió concederle un deseo como recompensa por haber cuidado de Silenio. Midas, sin pensarlo demasiado y siendo fiel a su codicia, pidió que todo lo que tocara se convirtiera en oro. Aunque Dionisio intentó advertirle que este deseo podría no ser tan ventajoso como parecía, Midas insistió, convencido de que sería el hombre más rico del mundo.

Dionisio, cumpliendo su promesa, le concedió el poder del Toque de Oro.

Al principio, Midas estaba exultante con su nuevo poder. Tocó una rama de un roble en su jardín y vio cómo inmediatamente se transformaba en oro macizo. Fascinado, comenzó a recorrer su palacio, convirtiendo todo lo que tocaba en oro: muebles, puertas, vasijas, todo se volvía un brillante metal dorado.

Sin embargo, pronto Midas comenzó a ver el lado oscuro de su deseo. Exhausto por la emoción de sus nuevos poderes, se sentó a comer, pero cuando levantó un trozo de pan y lo llevó a su boca, se transformó en oro sólido. Intentó beber agua para saciar su sed, pero el líquido dorado endureció en sus labios. Ninguno de los alimentos que intentaba consumir podía alimentar su cuerpo.

La verdadera tragedia llegó cuando su amada hija, al verlo preocupado, corrió a abrazarlo. Midas, sin poder detenerse, la tocó, y la niña se transformó en una fría estatua de oro macizo, inmóvil y sin vida. En ese momento, Midas se dio cuenta de la gravedad de su error. Todo lo que amaba y valoraba se había convertido en oro, pero ese oro, lejos de traerle felicidad, le había arrebatado todo lo que realmente le importaba.

Desesperado y lleno de dolor, Midas comprendió que su codicia lo había condenado. Se dio cuenta de que su deseo insaciable por el oro lo había cegado, y que las verdaderas riquezas de la vida –la comida, la compañía de su hija, la simple alegría de vivir– no podían comprarse ni sustituirse por oro.

Midas rogó a Dionisio que deshiciera el deseo. Viajó al bosque sagrado y, con lágrimas en los ojos, suplicó al dios que lo liberara de este don maldito. Dionisio, quien había advertido a Midas sobre las consecuencias, sintió compasión por él. Le indicó que fuera al río Pactolo y que se bañara en sus aguas para deshacerse del toque de oro.

Midas obedeció sin dudarlo. Se sumergió en las aguas del río Pactolo, y al hacerlo, el poder del toque de oro se disolvió en las aguas. Según el mito, el río Pactolo quedó lleno de arenas doradas, que podían verse en sus orillas como un recordatorio de la historia de Midas.

Con su don maldito desaparecido, Midas regresó a su reino. Su hija volvió a la vida, y el rey, profundamente cambiado por la experiencia, decidió rechazar su vida de codicia y dedicarse a cultivar su jardín, alejándose de la riqueza desmedida que antes tanto había valorado.

Lecciones y Significado del Mito de Midas
La historia del Rey Midas ofrece una enseñanza profunda sobre la naturaleza de la codicia y las consecuencias de nuestros deseos desmesurados. Midas aprendió que las riquezas materiales, aunque deseables en un nivel superficial, no pueden reemplazar las cosas más importantes en la vida: el amor, la salud, la compañía de nuestros seres queridos y la satisfacción de nuestras necesidades básicas.

El mito también nos enseña sobre el peligro de no pensar cuidadosamente antes de actuar. Midas, cegado por la posibilidad de tener más riqueza, no consideró las posibles consecuencias de su deseo. Nos recuerda que a veces lo que creemos que deseamos puede convertirse en una fuente de sufrimiento si no reflexionamos sobre el verdadero valor de las cosas.

Finalmente, la transformación de Midas, quien pasa de ser un rey codicioso a un hombre sabio que valora las cosas simples de la vida, es un recordatorio de que el verdadero bienestar no se encuentra en la acumulación de bienes materiales, sino en la armonía con nuestro entorno y en apreciar lo que ya tenemos.

Tomado de la web

Fuente: https://www.facebook.com/share/p/AhH15wgzcJhdmXr1/

“Será el Sereno”

“Será el  Sereno” frase mexicana 🇲🇽

En la antigüedad “el sereno” era el hombre encargado de vigilar las calles y regular el alumbrado nocturno de lámparas de aceite, cebo o queroseno.

Solía ir armado con una macana y usaba un silbato para dar la alarma en caso necesario.

Daba anuncios de la hora, el clima, protegía de robos y procuraba mantener el orden. Los primeros serenos se documentan en 1715.

Se dice que cuando daba la media noche gritaba ”¡las doooce y tooodo sereno!” Esa era la razón de su nombre.

Su presencia daba tranquilidad a los vecinos y cuando alguna persona veía algo a distancia sin reconocerlo, exclamaba: “Será el sereno, pero no se ve su linterna”.

Por lo que la expresión “Será el sereno” se utiliza cuando no estamos convenidos de algo, o cuando las causas no logran darnos la explicación que esperábamos.

Fuente: https://www.facebook.com/share/p/zPrQPovtuxLCS8vX/?mibextid=TrneLp

“Será el Sereno”

“Será el  Sereno” frase mexicana 🇲🇽

En la antigüedad “el sereno” era el hombre encargado de vigilar las calles y regular el alumbrado nocturno de lámparas de aceite, cebo o queroseno.

Solía ir armado con una macana y usaba un silbato para dar la alarma en caso necesario.

Daba anuncios de la hora, el clima, protegía de robos y procuraba mantener el orden. Los primeros serenos se documentan en 1715.

Se dice que cuando daba la media noche gritaba ”¡las doooce y tooodo sereno!” Esa era la razón de su nombre.

Su presencia daba tranquilidad a los vecinos y cuando alguna persona veía algo a distancia sin reconocerlo, exclamaba: “Será el sereno, pero no se ve su linterna”.

Por lo que la expresión “Será el sereno” se utiliza cuando no estamos convenidos de algo, o cuando las causas no logran darnos la explicación que esperábamos.

Fuente: https://www.facebook.com/share/p/zPrQPovtuxLCS8vX/?mibextid=TrneLp

La Gioconda Holandesa.

A mediados del Siglo XVII, Delf era una próspera ciudad de los Países Bajos a medio camino entre Rotterdam y La Haya.
Este momento histórico está considerado como la Edad de Oro de la Pintura Holandesa. Es aquí donde nace en 1632, Joannis Vermeer.
Hay muy pocos datos acerca de su vida.
Sabemos que se casó a los 19 años y vivió siempre en la casa de su suegra María Thins, que fue también una especie de agente para sus Obras.
Perteneció al Gremio de Pintores de San Lucas, y aunque tampoco sabemos  quiénes fueron sus Maestros, en sus primeros trabajos se advierte la influencia de los Caravaggistas de Utrecht.
Fue desarrollando luego un estilo que reflejaba intimidad y calma
Nunca abandonó su ciudad y murió en la ruina a los 43 años.
Debido a sus deudas, su esposa no tuvo acceso a ninguna herencia.
Solo pintaba una o dos Obras al año, de los que nos han llegado unas 35. Aún así, es considerado, después de Rembrandt o Jacob Ruysdael, como el más famoso Pintor Holandés, por su maestría en la representación ilusionista de la realidad, y la enigmática quietud y misterio que emanan sus Obras.
Aunque su estilo suele ubicarse dentro del Barroco Centroeuropeo,  podemos decir en términos actuales que se trata de una Pintura Hiperrealista. Vermeer casi nunca pintaba al aire libre, y la mayoría de sus trabajos, están realizados en el interior de su estudio. Es por eso que siempre aparecen en varias de sus Obras, una ventana a la izquierda. Son escenas simples de la vida cotidiana, íntimas y domésticas, pero que demuestran su total dominio del color y la luz, que crean una atmósfera casi atemporal.

La Joven de la perla (hacia 1665) es su Obra más conocida.
Estamos aquí ante un tronie, es decir no un retrato propiamente dicho.
La palabra deriva del francés antiguo trogne y  significa cabeza o rostro.
Los tronies se hicieron muy populares durante la Edad de oro neerlandesa y no pretendían ser retratos de un individuo en concreto, sino más bien estudios de expresión y fisonomía de un modelo de personaje, un anciano, un soldado, una mujer oriental.
Aunque la paleta de colores es limitada, de trazos simples y, en apariencia, poco trabajados, el lienzo está llenó de trampantojos que crean una ilusión visual que no existe.
La misma perla, los ojos, y  boca, son en realidad efectos ópticos que nuestro cerebro completa para crear un cuadro lleno de vida.
Aquí, nuestra bella y enigmática modelo, recorta su busto de perfil ante un oscuro fondo neutro, girando la cabeza para dirigir su intensa mirada hacia el espectador. Su boca se entreabre ligeramente, como si deseara hablar,  dotando así de un mayor realismo a la composición.
Viste una chaqueta de tonalidades pardas y amarillentas en la que sobresale el cuello blanco de la camisa, y cubre su cabeza con un turbante azul del que cae un paño de intenso color amarillo, creando un contraste cromático de gran belleza.
La  misteriosa mirada, es lograda mediante una especie de sfumato.
Vermeer no pintó cejas ni pestañas y dejó el contorno de los ojos sin definir.
Así, eso también permite una interpretación personal, alli algunos ven melancolía, otros tristeza, y otros  alegría. De alguna manera es como si existiese casi una joven distinta para cada espectador.
Lo más sorprendente del cuadro, es el efecto que le da nombre.
Si observamos bien, el pendiente son apenas dos pinceladas blancas sobre el cuello que nuestro cerebro interpreta como un círculo.
La parte inferior de la «circunferencia» parece un magistral reflejo del cuello blanco de la camisa de la muchacha.
No hay ningún broche o cadena que sujete la «perla» al lóbulo.
Es como una gota de agua suspendida en el aire de manera casi mágica.

En el brillo de los ojos y de la perla, encontramos toda la luz que refleja ésta Icónica Obra, considerada como La Gioconda Holandesa.

Fuente: https://www.facebook.com/share/p/7UUXk9CzhHeMkkBq/?mibextid=TrneLp

Uta Von Ballenstedt, la más bella del reino:-

La nueva reina era muy bella, pero orgullosa y altanera, y no podía sufrir que nadie la aventajase en hermosura. Tenía un espejo prodigioso y cada vez que se miraba en él, le preguntaba: ‘Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?’ Y el espejo le contestaba, invariablemente: ‘Señora reina, eres la más hermosa de todo el país’. La reina quedaba satisfecha, pues sabía que el espejo decía siempre la verdad.

Es imposible que haya alguien que no reconozca este fragmento, correspondiente a uno de los cuentos más famosos de los hermanos Grimm: Blancanieves.

Walt Disney lo eligió en 1937 para el que fue su primer largometraje, y, como era habitual, tomó como modelo un personaje real para la imagen de la malvada y vanidosa reina: una mujer que vivió en el siglo XI y cuyo retrato escultórico, conservado en la catedral de Naumburgo, está considerado uno de los más significativos del gótico alemán. Se llamaba Uta von Ballenstedt.

Uta era natural de Ballenstedt, una localidad de lo que hoy es el estado federado de Sajonia-Anhalt (Alemania), donde nació en torno al año 1000. Pertenecía a la casa de Ascania, una dinastía de rancio abolengo que iniciaría su hermano Esico, siendo su padre el conde Adalberto de Ballenstedt y su madre Hidda, hija del margrave Hodo I de Lusacia (una marca lindante con Polonia y Silesia).

Con tanta sangre azul corriendo por sus venas, estaba inevitablemente abocada a un matrimonio de conveniencia, como era costumbre entonces para establecer alianzas políticas.

Según las crónicas de Naumburgo, dos siglos posteriores, en 1024 Uta fue casada con Ecardo II, hermano menor de Germán I, margrave de Meissen, un territorio situado en la frontera oriental del Sacro Imperio Romano Germánico heredado tras el asesinato de su progenitor y la destitución de su tío.

Germán tenía una esposa llamada Regelinda, que falleció en 1014 sin descendencia y que, por cierto, también tiene su estatua en la catedral de Naumburgo junto a su marido.

En el año 1038, a la muerte de Germán y ante la falta de un hijo, el margraviato de Meissen pasó a manos de Ecardo, que lo sumó así al de Lusacia, que había obtenido cuatro años antes tras deshacerse de su cuñado Teoderico II (esposo de su hermana Matilde) y que se extendía por la actual Baja Lusacia (aproximadamente desde el suroeste del estado de Brandeburgo hasta el suroeste del voivodato polaco de Lubusz), colindante con Meissen.

Ecardo pudo salir tan beneficiado gracias a su lealtad a Enrique III el Negro (o el Piadoso), Rey de Romanos que en el 1046 lograría hacerse con la corona del Sacro Imperio sucediendo a su padre Conrado II.

De este modo, Ecardo se convirtió en guardián de las fronteras alemanas con Polonia y Bohemia, siguiendo al monarca contra el duque Bretislao I y su aliado, el rey húngaro Pedro Orseolo, para detener las razias que éstos solían llevar a cabo en sus dominios. Una primera campaña fracasó pero la segunda resultó victoriosa y se logró forzarlos a firmar la paz.

Nada de esto repercutió en su vida conyugal con Uta, que sin embargo también terminó sin poder engendrar un heredero, razón por la que su linaje se extinguiría.

De hecho, en el 1046 una grave epidemia acabó con la vida de ella, por lo que su marido donó la mitad de la dote recibida a la emperatriz Inés de Pitou, esposa de Enrique III, y la otra mitad al convento de San Ciriaco de Gernrode, porque la abadesa era, desde 1044, la hermana de Uta, Hazecha.

La donación no era nada despreciable, pues incluía propiedades en Gundersleve, Westerhausen, Wendhusen, Wegeleben, Mordorf, Richbrechtigerode y la propia Gernrode.

Pero la enfermedad no acabó sólo con Uta sino también Ecardo -apenas unos meses después- y fue Enrique III quien se quedó con el resto de sus posesiones, pasándoselas al conde turingio Guillermo IV de Weimar.

No quedó, por tanto, un descendiente que llevase el apellido pero sí pervivió el recuerdo de ambos gracias a la catedral de Naumburgo, un edificio del siglo XIII que está protegido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y del que fueron cofundadores, por lo que se les inmortalizó en las Stifterfiguren, es decir, figuras de donantes, que representan a los doce personajes que colaboraron en la fundación del templo.

Todas las estatuas son de gran originalidad y naturalidad (la de Regelinda es célebre por su sonrisa), pero la de Uta resultó especialmente carismática, hasta el punto de que suele ser la única conocida por su nombre y fotografiarse individualizada.

Más aún, los nazis la consideraron como prototipo de la belleza aria, del mismo modo que para los hombres se eligió al Jinete de Bamberg (una estatua ecuestre de la catedral homónima), por lo que en muchos hogares solían tenerse reproducciones a escala de ambas obras.

Asimismo, fue considerada un ejemplo de arte clásico que había de oponerse al degenerado de las vanguardias.

Por eso Goebbels consideró un ultraje que en Hollywood tomaran prestada esa iconografía para la película y prohibió su distribución en Alemania.

Situada al lado de su menos agraciado consorte, y separada de él por un escudo. Uta aparece ante el espectador glacial y misteriosa.

Luce un vestido adornado con un valioso broche y bajo la garganta sujeta con la mano derecha una pesada capa con un amplio cuello, levantado sobre la nuca, que resalta el óvalo de su cara. Por encima de su rostro, enmarcado por una toca blanca ribeteada de oro, luce una tiara decorada con lirios.

La expresión distante y atemporal, los ojos verdes almendrados, aún más vívidos y magnéticos a causa de la policromía general, la nariz recta y los labios de color rojo carmín le aseguraron un lugar definitivo y durarero en el imaginario colectivo popular de la sociedad alemana.

Todo ello hace que la archiconocida madrastra de Walt Disney guarde un parecido más que razonable con la escultura que permanece en la catedral de Naumburgo.

Crédito a quién corresponda

Fuente: https://www.facebook.com/share/p/dkGuTsebRs8r4dyK/?mibextid=TrneLp